No puede haber cosa menos honrada que hacer una reseña de un
libro sin haberlo leído. Es todavía más falso que retuitear enlaces en los que
ni siquiera se pincha, o poner a parir grupos de música porque son para
modernos. La cosa es peor todavía
si haces “book dropping”, dártelas de haber leído mucho soltando títulos de
libros porque sí.
Pues, para finiquitar el asunto rápido, se hace saber que
Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre, es un novelón de cuatrocientas y
pico páginas que te puedes leer en una tarde de invierno sentado en el sofá
mientras ponen en la tele la gala de los Goya. Todavía no me lo he terminado,
voy por la mitad, pero parece mentira que sea un libro de este siglo. Está
escrito como cuando las novelas de mil páginas se escribían a mano o, como
mucho, a máquina. Nada de tener que leer frases girando el libro, ni distintas
tipografías o colores. Cada párrafo cuenta algo, no hay pajas mentales ni
circunloquios para hablar de una mutilación –horrible, por cierto-.
Atrapa como un best-seller. Hay guerra como en Guerra y Paz.
Hay pijos estirados franceses como en la pérdida de tiempo que es En Busca del
Tiempo Perdido. Está el ganador del premio “torpe del siglo XX”, que cada vez
que intenta arreglar algo, se hunde un poco más en el fango, como si lo
hubieran sacado de Crimen y Castigo. Hay un malo, malísimo, que parece sacado
de Los Miserables. Y hay un monstruo que, de grotesco, hace hasta gracia.
Ale, una reseña sin acabar un libro, que es lo peor de éste:
que se acaba.
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