Aunque sólo sean unas líneas, me voy a obligar a juntar unas
letritas. Puede que lo de escribir 21 días seguidos sea la tarea más difícil que
me he propuesto en 30 años. Y sólo llevo tres días. Escribir con la tripa llena
y sabiendo que el despertador va a sonar en cuatro horas para ir a trabajar no
es fácil. Es más difícil que dejar de fumar, lo digo por experiencia, y más, incluso, que dejar de
sacudirse la sardina, si es que alguna vez es posible dejar cualquiera de las dos.
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