“Existe toda una clase de escritores que no quieren que sus
libros se lean. Hasta cierto punto, eso explica su prosa enloquecida. Si formas
parte de esa clase de escritores, expresar lo expresable no es la razón de que
escribas. Hasta resulta vagamente embarazoso que te entiendan. Lo que quieres
expresar es la violencia de tu deseo de que no te lean. Es la fricción del público
lo que enloquece a los escritores. Esa gente va a leer lo que escribas. Y
cuanto más entiendan ellos, más vas a enloquecer tú. No puedes permitir que
sepan de qué estás escribiendo. En cuanto lo sepan, estás acabado. Si formas
parte de esa clase, lo que tienes que hacer es o no publicar o asegurarte del todo
de que tu obra deje a los lectores tirados por los márgenes. Esto no es solamente
lo que permite que exista literatura, sino que también es indispensable para tu
salud mental.”
Don DeLillo, en La Estrella de Ratner, definiendo la
longitud de una zancada más larga que la mía.
Voy camino a la locura y, aunque todo me tortura, sé querer.
Es imposible.
Es como, si al final, tuviera miedo de volver a empezar.