lunes, 16 de marzo de 2015

Pájaro

El pasado se esconde en las tinieblas de nuestras vidas. Tiene una paciencia infinita, a sabiendas de que todo lo que hemos hecho, y todo lo que hemos dejado de hacer, regresará sin lugar a dudas para atormentarnos en el último momento.

Es una verdad como un puño de Charlie Parker, Bird, el detective de John Connolly, un personaje que mata por cualquier razón –justificada o no- y escucha a los Jayhawks y Ryan Adams. Para él, los días son soleados o de tormenta, salvo los menos que, como mucho, están nublados. Aguanta poco sobre el filo de la navaja y siempre acaba cayendo al abismo, donde le esperan los monstruos del pasado y a donde van los que envía allí a tiros para esperarle la próxima vez que caiga.

Sabe que están ahí y nunca se irán, como si su creador le hubiera marcado a fuego la seña irlandesa del catolicismo y la culpabilidad, de la que es tan difícil desprenderse. Camina, cae –o lo tiran-, se vuelve a levantar y vuelve a caminar. Como a los que somos de carne y hueso, unas veces nos cuesta más levantarnos y otras veces menos, pero siempre hay que recuperar la verticalidad y volver a andar, por mucho que duela, porque lo mejor siempre está por llegar.


*Me ha sido imposible escribir 21 días seguidos. Todos sabíamos que iba a pasar*